domingo, 26 de abril de 2015

Excusitas para no sufrir



Esta imagen de portada parodia perfectamente lo que ocurre en la línea de salida de cada competición. Parece que cada día cobra más importancia lo que los demás esperan de nosotros, y es muy habitual oír todo tipo de excusas antes de las carreras, que en el 90%  de los casos no son más que tapaderas por si en algún momento bajamos los brazos y nuestro resultado no es tan bueno como esperaba nuestro entorno.


Desde mi punto de vista hay dos tipos de deportistas, los Competitivos (C) y los No Competitivos (NC). Y no haría ni una sola división más, porque el que es competitivo y queda el último en una maratón tiene la misma sangre que el campeón del mundo de la modalidad.

Los C comprenden la inmensa mayoría, mientras que los NC son muy difíciles de encontrar. Los C llevan reloj para saber pulso, ritmo, km… y los NC lo llevan para saber la hora. Los C entrenan, mientras que los NC solo salen a correr. Los C empiezan a disfrutar cuando acaba la carrera*, mientras que los NC disfrutan durante la carrera. Los C al primero que quieren ganar es a su mejor amigo, mientras que los NC quieren ir con él. En definitiva, aunque sea a diferentes niveles y con bastantes excepciones, los C acaban condicionando su vida en torno al deporte (alimentación, vacaciones, trabajo…), mientras que los NC condicionan el deporte en torno a su vida.

* En este punto quiero hacer una matización, ya que sí hay algunas partes de las carreras donde los C disfrutan, aunque sea de una manera diferente a lo que significa el verbo disfrutar, pero en general, ir siempre al límite supone ir sufriendo con ganas de acabar.

Yo por desgracia estoy entre la mayoría, en ese grupo donde el ADN competitivo circula por nuestras venas. Cualquier motivo es válido para pertenecer a este grupo, ganar a los rivales, bajar tiempos, superarse a sí mismo… Y he empezado esta crónica escribiendo sobre esto, porque hace años me planteé un reto deportivo, completar un Ironman, creando entonces este Blog para que me sirviera de diario histórico, y así he escrito crónicas de más de 70 carreras, que vuelvo a releer de vez en cuando. Hoy le he estado dando vueltas a cómo titular y empezar esta crónica, y por muchas cosas que se me ocurrían, todas eran excusas para justificar mi duatlón de ayer en Laredo. Hasta que he recordado que este Blog es principalmente una memoria histórica para mí, por lo que no tiene mucho sentido engañarme a mí mismo, y he dejado a un lado las excusas de la foto de portada.


Tripérgola ausente por esguince, ¡ánimo Pérez!

Ayer llegó el último duatlón de la temporada para mí, cerquita de casa y con mucho calor, ¡por fin sin térmica! 162 participantes en el Duatlón de Laredo de distancias 5-25-2,5, con un circuito de bici durísimo donde solo había tres km llanos, mientras que el resto era subir y bajar puertos. 



He aprovechado la sobrecarga que tuve en Polanco para dejar caer a mis compis que hoy iré suave, pero lo cierto es que no estaré ni mejor ni peor  que todos los que han competido el finde anterior. Simplemente no me quería esforzar en un circuito tan duro, y arrojé la toalla antes de empezar. Será la primera vez que poniéndome un dorsal y pudiendo ir a tope, no lo hago. En pocas palabras, ayer no quería sufrir y me volví No Competitivo.











Bonita salida con numeroso público, y al menos aproveché el primer sector para hacer un test de carrera de 5 km, ya que este viernes voy a correr un diez mil donde lo daré todo para hacer marca personal. Me impongo un ritmo de 3:46, y haciendo honor a mi apodo de calculín, voy clavando los tiempos km a km.











En la transición coincido con Ander y Aitor, los dos Triflavis más en forma en este momento, y aunque por un momento se me pasa x la cabeza activarme y salir a por todas para apretarles las tuercas en bici, hoy no será el día. También está Jony, que corre muy bien, pero que ha empezado este año y la bici aún le cuesta, así que aunque no hay drafting, me parece un buen día para echarle una mano haciendo un poco la labor de motivador.















Desde el primer puerto voy junto a él, unas veces 10 metros por detrás, otras por delante y otras a la par, animándole y de alguna forma obligándole a exigirse un poco más. Al final conseguiría hacer un segmento ciclista bastante majo, perdiendo menos posiciones de las que esperaba, y después de correr los últimos 2,5 km, consiguiendo su mejor clasificación hasta la fecha en un Duatlón (69º).



Por mi parte, aproveché llegar tan entero de la bici para al menos volver a correr rápido ese último sector, y aunque lo conseguí marcando el parcial 11º, soy consciente del poco mérito que tiene este parcial. 











Al final, acabé el 66º. Y esta vez sí que puedo decir que disfruté durante la carrera, pero al acabar, no hubo ni pena ni gloria. Próximo viernes, 10 km del Bajo Asón (Colindres), a darlo todo.



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